NOTAS AMBIENTALES Y CULTURALES DE LA ISLA DE LOBOS
La isla de Lobos se encuentra al noreste de Fuerteventura, en el canal de la Bocayna, que separa a esta isla de Lanzarote. La altitud máxima de Lobos se encuentra en La Caldera, cono volcánico que alcanza los 127 m.s.n.m. El nombre de la isla proviene de los lobos marinos, la foca monje (Monachus monachus), de los que existió una colonia de gran importancia que fue aniquilada por su caza masiva. En la actualidad, las colonias más cercanas se encuentran en Nouadhibou, Mauritania y en Madeira. Existen diferentes propuestas para su reintroducción, sin concretarse aún.
Los valores que acoge Lobos son los siguientes:
Valores geológicos
Lobos comienza a construirse durante el Pleistoceno en base a una erupción fisural que da lugar a una alineación volcánica, conformando el malpaís de Bayuyo, prolongada hacia el noreste generando la isla de Lobos. Bayuyo tiene un significado literal, en lengua indígena insuloamazigh canaria "flotación" y "espíritu, aparición, fantasma" en sentido figurado (Reyes García, I. (2024), referido a las creencias antiguas sobre la comunicación entre vivos y fallecidos. En el relieve destaca la mencionada La Caldera. El resto estaría formado por una plataforma lávica con formas irregulares de apenas unas decenas de metros de elevación. Al sur de la isla se encuentran entrantes arenosos entre los que destaca la playa de La Concha. En el norte aparecen playas sobre depósitos marinos jandienses, con una antigüedad en torno a los 100.000 años. Estos depósitos están constituidos por areniscas biodetríticas calcáreas de color claro. Posteriormente, diversos procesos erosivos y sedimentarios han dado lugar a la situación actual.
Formaciones vegetales
La vegetación de Lobos se enmarca en el piso infracanario con características de semiáridas a áridas. Dominan las especies arbustivas de carácter rastrero y las herbáceas influidas decisivamente por las condiciones geomorfológicas y climáticas. En los saladares destaca Limonium ovalifolium ssp. canariense, con poblaciones quizás únicas en Canarias. En los arenales costeros e interiores mencionamos Zygophyllum fontanesii. Finalmente, en el malpaís destaca Euphorbia balsamifera y Suaeda vera.
La cuestión arqueológica
En la isla de Lobos se han realizado diversas investigaciones impulsadas por el Cabildo de Fuerteventura y otras instituciones que, a través de estos trabajos, se atribuye a una presencia de romanos o poblaciones romanizadas. De este modo se ha establecido que en la zona se encuentra un taller de púrpura datado entre mediados del siglo I antes de nuestra era y el siglo I después de nuestra era. En este yacimiento se han encontrado restos de una de las familias de gasterópodos, los murícidos. Este gasterópodo, en concreto ejemplares de Stramonita haemastoma y Hexaplex duplex contiene una glándula que, procesada, genera el valioso tinte púrpura que era de gran interés en la antigüedad y, por tanto, de gran valor económico.
Valores etnográficos
Los usos tradicionales en Lobos vienen dados por el aprovechamiento de diversas plantas como las tabaibas, verodes y aulagas tanto como combustible como para la obtención de savia. Del mismo modo se produjo la explotación de la orchilla de modo que se extraía este líquen para usos tintóreos, al igual que antiguamente los murícidos.
Modelo turístico y presión sobre el territorio
En la actualidad la isla de Lobos, a pesar de estar catalogada como Parque Natural, sufre una enorme presión turística que se ha acelerado en los últimos años. Hace algo más de un lustro se estableció un límite en el acceso de 400 personas al día, divididas en dos turnos de 200, todo ello recogido en el Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG). Este límite no se respeta debido a causas como la falta de control efectivo sobre el acceso a la isla, limitado a horarios concretos, y a la falta de verificación por parte de las agencias que organizan las excursiones en barco. A ello se suman otras llegadas a la isla por medio de "water taxis", veleros privados y catamaranes turísticos, todo ello según observaciones del colectivo ecologista majorero Agonane. Esta organización ha constatado una cifra de visitantes de 1.200, en días suaves, triplicando el límite de 400, con picos de 3.000 visitantes, lo que supone una presión insoportable sobre el medio natural de la isla. Otra situación que sufre Lobos, denunciada por Agonane, es el alquiler de edificaciones precarias en la costa como Vivienda Vacacional, lo que aumenta la presión sobre los recursos naturales de la isla en una masificación constante.
Existen posibilidades de lograr un control efectivo sobre la isla y hacer cumplir las limitaciones. Al igual que muchos espacios en el Archipiélago, prácticamente en su totalidad, es posible otro modelo turístico y se necesita impulsarlo para sobrevivir.
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