NOTAS AMBIENTALES Y ETNOGRÁFICAS DE LA MONTAÑA DE HOGARZALES

La montaña de los Hogarzales se encuentra en el macizo de Guguy, en su extremo oriental y al oeste de la isla de Gran Canaria. Alcanza unos 1059 m.s.n.m. El topónimo puede ser una derivación del nombre del hogarzo (Cistus monspelensis). 

Hogarzales es la principal altitud del macizo siendo seguida por la montaña del Cedro que alcanza los 1006 m.s.n.m. Ambas elevaciones están unidas por una serie de andenes siendo todo el relieve producto de un profundo y alargado, en el tiempo geológico, proceso erosivo. 

En los alrededores de la montaña aparecen diversos relieves que muestran algunos de los usos tradicionales en el área. Tenemos el caso de la montaña de las Vacas, situada al sur-suroeste de Hogarzales, desde cuya degollada tenemos uno de los accesos y la montañeta de los burros, al este de nuestra montaña de referencia. En ambos casos se atestigua un uso ganadero. También tenemos una cañada de los burros al sureste de la montaña. En la misma línea y también relacionado con el mundo ganadero, aparece el topónimo gambuesilla. Se trata del diminutivo de una palabra de origen insuloamazigh, gambuesa, que recoge tanto el acto de reunir el ganado criado salvaje así como la construcción de piedra para reunirlo (Reyes, I. 2017). 

Los valores que acoge este sector son los siguientes:  

En cuanto a los valores geológicos, las rocas que se encuentran en este sector pertenecen al dominio extracaldera del ciclo I de formación de la isla dentro del sector de Paleocanaria. Este ciclo se desarrolló en el Mioceno Medio entre los 12,6 y 9,7 millones de años. Las formaciones que encontramos son Ignimbritas, coladas piroclásticas, coladas riolítico-traquíticas y coladas basálticas afaníticas, con hasta 20 metros de espesor. Dominan los procesos erosivos por la antigüedad de los materiales y la ausencia de erupciones en la etapa reciente, subhistórica e histórica. 

Estos procesos erosivos han conformado un relieve desmantelado en gran medida aunque conservando aún altitudes reseñables como las mencionadas. Estas altitudes están rodeadas de profundos barrancos característicos de relieves antiguos junto con otros elementos como degolladas y andenes que unen los diferentes espacios.  

En lo que respecta a las formaciones vegetales, estas tienen un carácter xérico, al situarse en la vertiente de Xerocanaria, separada de la influencia de los alisios salvo en el caso de las mayores altitudes en determinadas condiciones favorables. Por tanto, las formaciones potenciales serán las de cardonal-tabaibal y termófilo. Domina el mencionado hogarzo (Cistus monspelensis), que le da su nombre actual a la montaña y la tabaiba (Euphorbia obtusifolia). En sectores de Solana aparece el cardoncillo (Ceropegia fusca). En determinadas condiciones, andenes inaccesibles, encontramos especies como sabinas (Juniperus turbinata), acebuches (Olea cerasiformis), pino canario (Pinus canariensis) y tagasastes (Chamaecytisus proliferus). Por medio de análisis de carbones se ha podido constatar la presencia en época precolonial de especies como brezo (Erica arbórea), madroño (Arbutus canariensis) y acebiño (Ilex canariensis), lo que indica unas condiciones diferentes a las actuales, que son de menor humedad. Se produjo la transformación de la vegetación desde la época precolonial viéndose acelerada tras la guerra de conquista con la explotación masiva de los recursos forestales (Martín Rodríguez, E. et al. 2001). 

En cuanto a los valores arqueológicos, diversos estudios han recogido la presencia de canteras al aire libre, minas y escombreras. Las galerías o minas, de las que se han localizado 43, explotaron una veta de traquitas de color verde azulado que se extiende con diversos grosores por la montaña. Se ha recogido un aprovechamiento previo extensivo y superficial en Hogarzales y Montaña de las Vacas. Al aumentar la demanda a nivel insular se desarrolla un aprovechamiento intensivo construyéndose galerías horizontales. En la cara norte de la montaña se encuentran las explotaciones más antiguas. 

En la cima de la montaña, además, se han localizado 57 estructuras de piedra seca, lo que indica que se trata de un sitio arqueológico de gran importancia. Aparecen amontonamientos de piedras circulares, siete círculos de piedras y una torreta en el extremo suroeste de la cima. En Hogarzales no aparecen, pero en la vecina Montaña de las Vacas se encuentran varias estaciones rupestres. Aparecen diversos grabados cruciformes, posiblemente de pastores, con diferentes posibles fines (Pérez, H. 2012). Prácticas de protección personal y ritos de sacralización de antiguos lugares con usos rituales sin descartar las marcas de propiedad, todo ello vinculado a las costumbres de los antiguos o bien a un sincretismos surgido tras la imposición de los nuevos rituales tras la guerra de conquista. 

Con el posible fin de sostener a la población que trabajaba en las minas, en la vertiente sureste se estima que existieron cultivos debido a la vegetación de tabaibal (Euphorbia obtusifolia) que aparece en este sector, diferente a la que domina el resto del enclave en su parte alta, formada por  los hogarzos mencionados. Este tipo de vegetación coloniza con facilidad espacios de cultivo en abandono. 

La distribución de los vidrios extraídos abarca toda la isla datándose los trabajos de Hogarzales entre los años 780 y 1010 AD, mientras en algunos yacimientos de la isla se obtienen dataciones más antiguas.  (Martín Rodríguez, E. et al. 2009). 

 

Hogarzales desde la Cañada de las Vacas (Foto del autor)
 
 

 
Interior de una de las minas de Hogarzales (Foto del autor) 
 
  

 


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